Ordenar el living, despejar la mesa, esconder la ropa pendiente en algún clóset. Es la rutina de muchos hogares cuando alguien avisa que viene de visita, y es también el punto de partida del estudio Life at Home 2026 de IKEA, cuya versión chilena fue presentada este 28 de octubre.

La compañía sueca realiza esta investigación desde 2014 para entender cómo las personas viven, sienten y se relacionan con sus casas. Este año, el foco estuvo en la distancia entre el hogar que se habita a diario y el que se prepara para los demás.

Los números dan cuenta de esa tensión. El 68% de los encuestados dice sentirse orgulloso de su hogar, el 63% considera que su vivienda refleja quién es y el 58% afirma que representa el estilo de vida que le gusta. Pero solo el 57% declara sentirse cómodo mostrando su casa o invitando a otras personas.

“Lo interesante de estos resultados es que muestran que, aunque sentimos orgullo por nuestras casas, también existen expectativas sobre cómo deberían verse”, apunta Francisca Núñez, Regional Commercial Manager de IKEA.

El estudio describe dos realidades que conviven bajo el mismo techo. Por un lado, la casa cotidiana, donde se acumulan objetos, quedan tareas pendientes y los espacios se adaptan a lo que cada integrante necesita. Por otro, la que se arregla para las visitas, donde el orden, la limpieza y la decoración pasan a primer plano.

El 77% de los encuestados admite tener algún lugar -una silla, un mueble, un rincón- donde deja temporalmente lo que no sabe dónde guardar. Y el 37% identifica la dificultad para mantener el orden como uno de los problemas de su vivienda.

¿Por qué se acumulan las cosas? La falta de tiempo aparece como la principal razón, con un 39% de las menciones, seguida muy de cerca por el uso frecuente de esos objetos (38%). Según el informe, el desorden responde menos a malos hábitos de organización que a las múltiples exigencias que hoy enfrentan los hogares.

“El desorden es parte de la vida cotidiana y muchas veces tiene que ver con todo lo que hacemos dentro de nuestras casas. Los espacios deben adaptarse al trabajo, al descanso, a la familia y a distintas actividades que ocurren al mismo tiempo”, añade Núñez.

Pues bien, buena parte de esa presión viene de que la casa cumple cada vez más funciones. Un mismo espacio puede ser oficina en la mañana, sala de estudio en la tarde y punto de encuentro familiar en la noche. El 61% de los encuestados afirma que su hogar cumple varias funciones a la vez, y el 49% reconoce que distintas actividades compiten por un mismo espacio.

“Las transformaciones en las dinámicas familiares, laborales y sociales han cambiado la forma en que habitamos nuestras viviendas”, explica Elizabeth Wagemann, directora del Laboratorio Ciudad y Territorio de la Universidad Diego Portales. Para la académica, esto plantea nuevos desafíos al diseño habitacional, donde la flexibilidad y la adaptabilidad resultan clave.

El análisis cualitativo del estudio detectó que la brecha entre el hogar real y el que se muestra es más marcada en las familias con hijos, donde la convivencia, el cuidado y la organización hacen más difícil sostener el orden en el tiempo.

Con todo, el vínculo de los chilenos con sus casas es muy positivo. El 93% asegura que su hogar le transmite tranquilidad y paz, y el 91% dice que le permite recargar energías.

Una de las conclusiones del informe es que el hogar ideal pasa menos por tener una casa más grande o distinta que por lograr que los espacios actuales funcionen mejor, con almacenamiento, muebles multifuncionales y ambientes flexibles.

“Lo importante no es tener una casa perfecta, sino una casa donde podamos sentirnos bien y ser nosotros mismos”, puntualiza Núñez.

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