Un equilibrio en permanente tensión es aquel que debe conjugar continuidad y cambio. La Ley de Presupuestos encarna este desafío, el cual tiene una especial intensidad cuando hay un traspaso de gobierno entre coaliciones opositoras. El proyecto que se envía por parte del Ejecutivo debe ofrecer una proyección del necesario financiamiento del cumplimiento de los fines propios y permanentes del Estado, de los objetivos de política pública que gobiernos pasados han acordado con legislaturas previas y también de las nuevas prioridades y énfasis que el nuevo Ejecutivo legítimamente puede proponer.

Estos tres elementos son determinantes pues un gobierno cambia cada cuatro años, pero no el Estado; es posible que a una nueva coalición política no le guste cómo funciona, por ejemplo, la educación o la salud, pero eso no puede ser equivalente a eliminar planes, políticas y programas que durante años han beneficiado a la ciudadanía, sin ofrecer actos motivados legal y racionalmente.

Pensemos, por ejemplo, en la eliminación de la entrega de computadores a niños de 7º básico en la educación pública, en el recorte casi total del financiamiento para la sala sinfónica de la Universidad de Chile o en la eliminación de la salud sexual y reproductiva, el género y la prohibición de discriminación de los objetivos de gestión del Ministerio de Salud. Cada uno de estos representa el decantamiento de años de iteraciones entre diferentes poderes del Estado, partidos políticos y asesores técnicos que, sosteniendo visiones disímiles sobre la importancia de objetivos, mecanismos e indicadores de desempeño, alcanzan consensos que se proyectan en acciones concretas perceptibles por las personas. Más aún, el acceso sostenido a las prestaciones que ofrece el Estado - en el caso de la los computadores y de la salud sexual y reproductiva, al menos 16 años- instala en la ciudadanía la razonable expectativa de que el Estado está a su servicio y que la educación de los niños o el poder acceder a prestaciones e información sobre cuándo y cuántos hijos quieres tener o gozar de una sexualidad libre de coerción, no son un problema que deberán enfrentar solos, condicionados a su capacidad de pago.

Podría pensarse que el ejercicio de deferencia entre un gobierno y otro respecto del financiamiento de los objetivos de política pública contenidos en los presupuestos pasados es acomodaticio o incluso una muestra de cobardía por no buscar imponer la propia visión sobre aquella que se considera abyecta o errónea. Esta polarización de la realidad oculta que tras cada gobierno y coalición política existe un sistema que busca representar de la mejor forma posible los anhelos y esperanzas de quienes habitan este país. Visto así, no es solo la eliminación de una glosa presupuestaria, sino de la construcción de una visión de país donde hemos, lentamente, conciliado cómo satisfacer las necesidades y anhelos de todos. Y respetando nuestras diferencias.

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