El equipo gestionado por el austriaco lidera las dos clasificaciones; sin embargo, ha logrado quitarse la vitola de dominadores.

La Fórmula 1, ese lugar en el que todos quieren dominar con puño de hierro, pero en el que, al mismo tiempo, esto tiene un impacto negativo tanto en los aficionados como en el momento de salud del propio deporte. Esto se traduce en… intentar ser los mejores, pero que se note lo menos posible.

Esto hay a quien se le da peor, y quien es un verdadero artista. Por ejemplo, Red Bull disimulaba regular cuando Sebastian Vettel lograba en poco más de una vuelta una ventaja de tres segundos que luego se dedicaba a mantener durante el resto de la carrera. Sí, hemos ganado… pero ha estado justo. Y luego está Toto Wolff, el gran artista en este ambiente, capaz de convencerte de que, sí, han ganado todas las carreras de la temporada en la que no ha tenido lugar un gran suceso… excepto, curiosamente, la última del año, con todo el pescado vendido, y que eso evidencia lo fuerte que está el rival en cuestión y lo reñida que ha estado la temporada.

No es de extrañar. Hombre de negocios que ha amasado su fortuna con la compraventa de acciones y/o participaciones, con cierto pasado frustrado como piloto que en 2006 compró una gran participación en HWA, compañía de competición asociada a Mercedes, dando el salto a la gestión. Y no lo hizo en un sitio cualquiera, sino en el DTM. ¿Y por qué es importante esto? Porque el DTM, además de una categoría de lo más interesante que se echa mucho en falta, era, por encima de todo, un campeonato político. Hecho por y para el marketing de los fabricantes participantes en el que las decisiones eran consensuadas buscando un bien común, sin hacer daño al resto. Justo el ámbito en el que Toto se mueve como pez en el agua. La mejor escuela posible para el austriaco, que se trajo todo su aprendizaje a la Fórmula 1.

Porque, independientemente de su valía como máximo gestor de su equipo, que es extremadamente complicada de medir desde fuera, como la historia se empeña en mostrarnos cada vez que uno de estos grandes nombres cambia de equipo, lo que es indudable es que es un animal político, y que se mueve como pez en el agua a la hora de manejar el relato y la comunicación con los medios.

¿Y por qué estamos hablando de esto ahora? Porque lo está logrando. Está logrando que el equipo que comenzó la temporada con un dominio abrumador, sin que nadie le consiguiese toser, esté luciendo actualmente como uno superado por los rivales. Justo ahora, cuando su piloto va a proclamarse campeón del mundo en dos carreras a más tardar, y cuando en constructores hay una ventaja insalvable. La casualidad.

Incluso hay coartada; una última actualización que no ha caído de pie. Y el drama es tal, que Mercedes incluso se está planteando dar un paso atrás. O eso nos cuentan. Porque ya son demasiados años de Toto Wolff en Fórmula 1 como para no intuir por dónde van los tiros. Y es que, si esto le ocurre a McLaren, te lo puedes llegar a creer. Que le ocurra al equipo que dominó con tanta facilidad, que ganó en Monza desde el fondo de la parrilla, pues…

Y ese es el punto. Que cuando se trata de Mercedes, dirigida por una persona como Toto, rara vez algo suele ser casual. Y mientras Mercedes va sin frenos a por el doble título, la atención está concentrada en la mejoría de Red Bull y el drama interno de Ferrari, con los de la estrella sin faltar a su cita con el podio, eso sí.

Obviamente, es todo especulación y resulta imposible saber cuándo los problemas son reales o simplemente se trata, una vez más, de un juego del gato y el ratón, de un movimiento político con el que rebajar esa sensación de dominio inalcanzable que en todo 2026 ha tenido el equipo Mercedes. Con Toto Wolff, todo es posible. Un verdadero genio en lo suyo.

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