Hoy se cumplen dos semanas de la llegada del lateral, que por ahora no ha podido celebrar ninguna alegría de azulón.

Hay futbolistas cuya grandeza se mide tanto por sus vitrinas como por el barro que están dispuestos a pisar. Dani Carvajal, canterano y leyenda viva del Real Madrid, aterrizó hace exactamente catorce días en el Coliseum como agente libre, regresando al sur de Madrid para vestir la camiseta del Getafe. Dos semanas después, el leganense ya sabe de primera mano lo que es la trinchera. Le ha tocado vivir, en tiempo récord, la cara más amarga del ciclo de José Bordalás.

Desde su desembarco oficial hace dos semanas, la adaptación humana del lateral no pudo ser más impecable. Lejos de cualquier halo de estrella, Carvajal conquistó al vestuario y a la grada del Coliseum a través de la sencillez, una ética de trabajo intachable y la cercanía del chico que nunca olvidó de dónde venía. En el vestuario azulón se hablaba maravillas de su integración antes incluso de que se calzara las botas para competir.

El calendario no dio tregua y su debut se precipitó apenas seis días después de su firma. Fue en el derbi ante el Rayo Vallecano (1-1). Carvajal disputó 80 minutos de puro oficio, fajándose en la banda derecha hasta que el cuerpo dijo basta: la falta de ritmo competitivo tras semanas parado le pasó factura en forma de intensos calambres musculares. Fue un estreno digno, aplaudido por su nueva hinchada, pero solo sería el preludio de una semana fatídica para la entidad azulona.

El jueves siguiente traía la fiesta del estreno europeo en casa en la Conference League frente al Lugano, líder de la liga suiza. Sin embargo, para Carvajal el partido fue un ejercicio de dolorosa impotencia. Al haber llegado fuera de plazo, el lateral no está inscrito y no podrá disputar la fase de liga continental salvo que el equipo logre la clasificación para las rondas eliminatorias de enero.

Desde la grada, Dani presenció el colapso de los suyos: un doloroso e impropio 2-5 que encendió las alarmas. Pese a no haberse vestido de corto, testigos del túnel de vestuarios relataban al término del encuentro la imagen de un Carvajal visiblemente tocado, dolido por el resultado como si llevara una década defendiendo el escudo azulón. El compromiso no se negocia.

El golpe definitivo llegó este domingo en una de las plazas más exigentes del fútbol español: San Mamés. Con la defensa en cuadro y el equipo tambaleándose, Bordalás recurrió a la jerarquía del zaguero de Leganés, pero con una vuelta de tuerca táctica. Carvajal completó los 90 minutos actuando como central diestro en una línea de tres. El experimento no funcionó ante un desatado Athletic Club, y el Getafe encajó otra goleada que constata el bache más pronunciado de la era reciente del técnico alicantino.

Han sido 14 días intensos, crudos y de extrema exigencia. El Getafe atraviesa su peor momento de la temporada justo cuando Carvajal intenta encontrar su pico físico y táctico en un ecosistema totalmente nuevo.

Sin embargo, el margen de maniobra es amplio. En el cuerpo técnico tienen claro que el exmadridista será una pieza innegociable en el once para enderezar el rumbo. Su liderazgo y experiencia competitiva se antojan vitales para cicatrizar las heridas abiertas en esta última semana.

El fútbol, afortunadamente, no concede tiempo para el lamento. El vestuario azulón ya tiene fijadas dos fechas clave en el horizonte inmediato para iniciar la redención: este jueves, viaje a Lebrija para cumplir en la Copa del Rey, y el próximo domingo, una final anticipada en el Coliseum ante el Sevilla. Es el momento de la vieja guardia, y Dani Carvajal ya está al frente.

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