Hubo una época en la que Mou era apreciado en la ciudad. Era cuando se le conocía como el ‘Chico Martini’.
Hubo un tiempo en Barcelona en el que José Mourinho (Setúbal, 1963) caía bien. Incluso se le consideraba guapo y era conocido en el entorno blaugrana, especialmente entre la prensa, como el ‘Chico Martini’. El apodo hacía referencia al protagonista de un famoso anuncio de la época, protagonizado por un morenazo sofisticado y castigador interpretado por el modelo estadounidense Max Parrish, que pasaba el pulgar por su labio inferior en ademán de quitarse restos de carmín (no suyos, por supuesto) vestido elegantemente con un traje negro y protegido por unas gafas de sol. Lejos de molestarle, a Mourinho esa comparación le pareció elogiosa, e incluso imitaba el gesto del modelo del anuncio a veces en petit comité y en ocasiones departiendo con los periodistas que cubrían la actualidad blaugrana. Eran tiempos en los que Mourinho se llevaba más que bien con buena parte de la prensa de Barcelona, a la que se ganó en poco tiempo.
Su porte, juventud y actitud llamaron inmediatamente la atención, llegándose a inventar bulos absolutamente desquiciados en torno a él y eso que aún no había Redes Sociales. Había quien aseguraba que era homosexual y que con Bobby Robson eran más que amigos. Un periodista que reconoce que el primer día que le vio pensó “¿este tipo tan guapo de dónde sale?”, trabó complicidad con él y antes de empezar una entrevista le preguntó si era gay. La respuesta de Mou, que se lo tomó bastante bien, resultó ser impublicable a pesar de que Mourinho le pidió que esa respuesta, en la que se aludía a las hermanas de los que iban difundiendo el rumor, se incluyera en la entrevista y saliera publicada.
Mourinho llegó a Barcelona siendo un auténtico desconocido, no para la prensa de Barcelona, sino para el mundo del fútbol. Hay que tener en cuenta, además, que Mou aterrizó en un Barcelona convulso. Meses antes, el presidente Josep Lluís Núñez había despedido a Johan Cruyff de malas maneras y había fichado a Bobby Robson, un viejo anhelo del mandatario blaugrana. Robson trabajaba entonces en el Oporto, después de haber entrenado al Sporting de Portugal. Era un técnico veterano de 63 años, ya en el crepúsculo de su carrera y que había vivido sus mejores años en la Liga inglesa con el Ipswich Town a finales de los 70 y con la selección inglesa en los años 80. Robson llegó a Barcelona acompañado de José Mourinho, al que había conocido en el Sporting, donde le hacía de traductor.
Mourinho, que tenía 33 años, se tomó su llegada a Barcelona como un desafío y un ascenso en su estatus. De traductor pasaba a asistente, una condición que le costó consolidar.
“Le molestaba mucho que le llamaran traductor, porque esa función la desempeñó al inicio el periodista Graham Turner y después Txemi Terés, empleado del club. Mou era importante en el staff de Robson” explica Marcos López, periodista de El Periódico y colaborador de la Cadena SER que vivió esos años en primera línea.
Coincide con esta impresión el periodista Luis Martín, entonces en Sport, que recuerda que “Mourinho se ganó enseguida a los jugadores, a los que impresionó con sus conocimientos futbolísticos. ‘Este tío la toca’ comentaban”.
La conexión con la plantilla respondía, según Fabián Ortíz, a que “Mourinho, que nunca me cayó bien y al que vi siempre como un trepa, era joven. A nivel de edad, los jugadores veían a Robson como su abuelo y a Mou como un hermano mayor, una persona con la que tenían mucho más en común”. Y añade Luis Martín que además sus métodos de entrenamiento eran más modernos que los del veterano técnico inglés: “Robson trabajaba con métodos de los años 70. Por ejemplo, para estudiar al rival en sesiones de video reunía al equipo y les ponía un partido entero. Los futbolistas se aburrían como ostras y a veces el propio entrenador se quedaba dormido. En cambio, Mou era mucho más directo, hablaba el idioma de los jugadores y les descubría cosas de los rivales y les daba consejos que eran útiles de cara al partido. Se ganó su respeto y conectó enseguida con gente muy futbolera como Guardiola, Luis Enrique, Abelardo o Figo”.
“Mourinho ya tenía entonces un gran talento para ver el fútbol” explica López, que recuerda que fue “de los primeros técnicos que en el Camp Nou prefería ver los partidos desde el palco en vez de desde el banquillo porque así entendía mejor lo que pasaba en el campo. En la media parte bajaba al vestuario a corregir posiciones”.
Esa capacidad táctica le valió ser el encargado de realizar los informes de los rivales del Barça compaginando su trabajo de asistente con el que ahora realizan los analistas, figura que no existía por entonces.
En este sentido, Luis Martín recuerda una anécdota significativa: “Coincidí con él en Belgrado porque el Barça recibía en partido de Recopa al Estrella Roja el miércoles siguiente. Era el fin de semana que el Barça jugaba ante el Compostela, ante el que Ronaldo marcó el famoso gol. Mourinho no lo pudo ver en directo porque tenía que hacer el informe del rival que jugaba un partido en una localidad a cuatro horas en coche. Alquiló un Mercedes blanco con chófer para ir a ver in situ el partido, pero en el camino pinchó una rueda y el conductor tenía dificultades para cambiarla y corrían el riesgo de perderse el partido. Al final, fue Mourinho el que cambió la rueda con la ayuda de Javier Ferrándiz, fotógrafo de Sport, que iba en un coche justo detrás suyo y paró para ayudarles. No llegar al partido con tiempo no era una opción”.
La convivencia con la prensa iba más allá de los campos de fútbol. A Mourinho era habitual verle en los locales de moda donde alternaba con miembros de la prensa. Especialmente recordada es la noche en el que coincidió con un grupo de periodistas en un bar en Solna, donde el Barça jugaba un amistoso de pretemporada ante el IF Elfsborg. En el establecimiento, para sorpresa de todos, se celebraba un concurso de ‘Miss camiseta mojada’ que acabó a puñetazos entre el público que asistía al evento. “Lo que me llamó la atención no es que Mourinho estuviera en ese bar, es que fuera vestido con el chándal del Barça”, recuerda Ortiz.
Su identificación con el club blaugrana era absoluta y también con Catalunya. “Fui a entrevistarle a Sitges, donde se instaló en un hotel al principio, antes de conseguir una casa en la misma localidad. Era uno más del pueblo y se sentía absolutamente a gusto en Catalunya”, explica López mientras que Luis Martín añade que “era casi de la familia para mucha gente de Sitges”.
Cuando el Barça fichó a Louis van Gaal para sustituir a Robson al frente del equipo, parecía que Mourinho saldría del Barça porque el holandés llegaba con su equipo técnico (Van Der Lerm y Hoek), pero conoció a Mourinho y se lo quedó como asistente al quedar impresionado por su nivel táctico. El portugués le conquistó desde el primer día. La confianza del exigente técnico hacia Mourinho era tal que, en un partido de semifinales de la Copa Catalunya, Van Gaal le dio la primera oportunidad de ejercer como primer entrenador para sorpresa de todos.
El debut de Mourinho como primer entrenador fue el 27 de marzo de 1998 en el Camp d’Esports de Lleida. Curiosamente, ese mismo día Xavi Hernández debutó con el primer equipo, por tanto, técnicamente fue Mourinho el primero que le dirigió, aunque fuera Van Gaal el que le dio la oportunidad. El Barcelona se impuso por 1-2 con un doblete de Jofre Mateu . La casualidad quiso que el gol de la UE Lleida, y por tanto el primer gol que recibió Mourinho como primer entrenador, lo marcara Tito Vilanova. Ocurrió trece años antes de que ambos volvieran a cruzarse, en el que es recordado como uno de los episodios más vergonzosos de la carrera de ese entrenador que un día cayó muy bien, le llamaban el ‘Chico Martini’ y el domingo regresará a la que fue su casa.
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