Ha pasado de desaparecido, a capital: encadena cuatro titularidades. El staff lo ve como el cerebro de las noches importantes, esta temporada. También ha crecido en liderazgo.

En menos de un mes, a Bernardo Silva le ha cambiado el panorama. Tanto, como un giro de 180º. Y con ello, el Real Madrid ha empezado a carburar. Es causalidad, no casualidad. Hace un mes se hablaba de ‘misterio’. Asunto absolutamente irrefutable: jugó 15′ en 30 días. Cifra impactante y huérfana de explicación. Pero que ya ha quedado atrás. Porque ahora, todo es diferente. Ha pasado de desaparecido, a capital. A pieza de esas que Mourinho evade catalogar como ‘indiscutibles’, pero se le parecen sospechosamente. A día de hoy, el cuerpo técnico lo considera el cerebro de las noches importantes. Es el ave fénix de Valdebebas. Ha resurgido de sus cenizas.

Justo ahora, cuando Mou está poniendo mayor énfasis en las rotaciones, él apenas para. Prueba del algodón de la importancia que se le atribuye en el equipo. En la mejoría del juego. Desde el Leipzig, cuatro titularidades seguidas. Aquella fue la noche en la que todo empezó a cambiar. Abrió el marcador empujando un balón muerto dentro del área y ejerció durante 90′ de faro. Fue una goleada consistente, tras un periodo de vaivenes. Una noche de atípica tranquilidad.

El movimiento, que venía reclamándose desde tiempo atrás, dio resultados. Con Bernardo Silva el equipo tiene más control, pausa, cabeza. Aún no es perfecto, pero es mejor. Eureka, se entonó en la caseta del cuerpo técnico. Por ahí iba el camino. Así que se está insistiendo: titular en el Clásico, en Santander y en Atenas. Tres partidos sin llegar a los 90′, para no forzar la máquina, pero siendo el eje de la misma. De hecho, su inclusión en la alineación del Camp Nou se considera una de las jugadas maestras de Mourinho, esta temporada. Fue la demostración de que este Real Madrid, además de ganar, puede gobernar.

Frente al AEK, volvió a ser de lo más salvable, en un partido que desde dentro de propio club se asume como “correcto”. Bernardo Silva fue el segundo del equipo en ocasiones creadas, el líder en pases completados en el último tercio, el segundo en regates completados y el primero en recuperaciones. Destaca incluso en una de las estadísticas que más detractores tiene, pero ahí queda para sus defensores: fue el segundo del equipo en expected goals, sólo por detrás de Mbappé. Una radiografía que se corona con su joya: 96,4% de acierto en pases, el que más de entre centrocampistas y delanteros. En resumen, de lo mejor de los suyos. O de lo más salvable, en función de si el vaso se ve medio lleno o medio vacío.

Ha crecido en materia de liderazgo, teniendo su voz cada vez más peso en el vestuario. Ha crecido, en definitiva, hasta el punto de ser el timón del equipo. De haber allanado el camino para Mourinho, quien ahora ve claro cuál es su once tipo: Valverde en el lateral derecho, Güler escorado a la banda y Bernardo Silva, en el centro. La pregunta del millón es qué sucederá cuando regrese Vinicius y, por ende, uno de entre todos ellos −incluyendo a Diomande− tenga que caerse. Se verá más adelante. Por ahora, el futbolista que llegó a estar 30 días jugando sólo 15′, ya es titularísimo. Y no sólo eso, sino también remedio para la falta de fútbol. Un pilar. Jugador que ha pasado de desaparecido a capital. Que ha resurgido de sus cenizas. ‘Ave fénix’ Bernardo Silva.

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