Los blancos pasan de perder por 15 a ganar por 20 al Maccabi tras anotar 113 puntos y 21 triples. Nuevo récord. Campazzo brillante. Feliz, a gran nivel.
El Madrid llama a la puerta de la Euroliga. Del 0-3 con el que arrancó la competición tras caer tres veces a domicilio, que dolía menos porque en el zurrón viajaba la primera y brillante Supercopa, al 4-3 de ahora luciendo un sello que lo distingue. Cuatro triunfos seguidos, dos fuera de casa, en Milán y este en Belgrado, sin casi público, ante el Maccabi. La racha, uniendo la ACB, asciende a siete victorias.
Los de Oded Kattash venían subiendo su nivel, casi arañan el triunfo en el Palau la semana pasada y dos días después se lo arrancaron al Valencia de las manos en el Roig Arena con una gran actuación. El Real había crecido, 108 puntos de media en la serie de éxitos, pero los rivales no eran de la magnitud de los de los tropiezos. Esta vez la exigencia era grande y la huella que dejó fue la misma o más profunda, porque, además de ritmo y acierto, exhibió capacidad de reacción y una mentalidad muy fuerte. La que le permitió cambiar de arriba abajo un duelo que se le iba por el desagüe. Activarse atrás, ajustar su defensa y pasar de viajar 15 por detrás (44-29) a verse 20 por delante (93-113 tras un parcial de 49-84) en menos de 25 minutos y siempre in crescendo.
Al final, 99-113 con un alarde en el tiro de tres puntos: un extraordinario 21 de 40 por volumen y porcentaje (53%) con 23 asistencias y de nuevo solo 8 pérdidas para 128 de valoración. Un certerísimo Campazzo (5 de 7 para 21 puntos y 28 de valoración) y Andrés Feliz (4 de 8) cubrieron a Maledon en un mal día en los lanzamientos de campo (1 de 13). Luwawu-Cabarrot (15 tantos) asomó durante la reacción y Abalde tuvo otra vez un rol trascendente, incluidos dos triples para apuntillar el éxito. Los 21 anotados son un nuevo récord merengue en la Euroliga, que bate los 19 triples encestados en abril de 2021 contra el Fenerbahçe. Una marca que había igualado el jueves pasado contra el Asvel.
La primera parte fue un compendio exacerbado de defectos y virtudes del Madrid, por ese orden. Aguantó el pulso de inicio, aunque las sensaciones y el marcador elevaban a los locales. Una percepción de superioridad que se multiplicó entre el final del primer cuarto y el inicio del segundo. Los blancos, y era casi literal, no paraban ni un taxi necesitado de sumar carreras. Los de Kattash les destrozaban en el dos por dos, con Madar y Theis haciendo pupa, también DiBartolomeo y Sorkin. Y en el uno contra uno, donde Jimmy Clark tuvo unos minutos inefables. Rompía con su bote, sus quiebros y penetraciones y metía cada lanzamiento por difícil que fuera. Con una defensa que hacía agua, los amarillos pusieron el +15 (44-29, minuto 15).
La escuadra española era desarbolada en una mala noche de Maledon, que chocaba contra una retaguardia rival que se cerraba mucho e impedía las penetraciones enseñando el camino al triple. En ese momento el Maccabi lanzaba de dos con un 75% de acierto y de tres casi con un 60%. O el Madrid se ponía serio atrás y metía mano a eso o no se recuperaría. Campazzo resultó capital ahí y la nave renació antes de que se convirtiera en ceniza. En los cinco minutos que restaban para cerrar la primera parte, añadió seis triples (11 de 22 entonces) al tiempo que desconectaba al adversario. Facundo, sí, y también Feliz y la aparición de un Luwawu-Cabarrot hasta ese tramo algo cabizbajo, como Nick Smith, que se había ido al banquillo después de enlazar dos pérdidas muy dañinas. Un parcial de 8-22 abría un nuevo escenario: 52-51 al descanso.
En la reanudación, se amplió a un 8-26 (52-55). Por segunda vez en el encuentro, el Madrid mandaba. Theis, Brissett y Madar reaccionaban para sujetar la caída. Intercambio de tiros libres. Los amarillos seguían colocando la manta de tal manera que los lanzamientos de tres eran lo que menos tapaban. La actividad defensiva merengue era otra, los cambios, las ayudas, los amagos y recuperaciones, la manera de leer los bloqueos… Un giro de tuerca que, de nuevo con Campazzo, que había vuelto a relevar a un Maledon fallón de tres, propició un parcial de 0-10. Tavares dominaba la pintura y se aplicaba atrás con sagacidad. La consigna desde el salto inicial había sido moverlo constantemente, sacarlo de la zona.
Una magnífica circulación de balón, culminada con un triple de Abalde desde la esquina, firmaba la máxima ventaja visitante hasta entonces: 68-81. Amenaza de ruptura que esquivó Colson con un triplazo para cerrar el tercer periodo y una canasta para dar la bienvenida al último. El acierto del equipo asiático ya no era el que asombraba de inicio, pero Colson seguía percutiendo y Clark trataba de volver a la carga.
El mérito blanco es que fue fiel a su estilo, al nuevo, al de Pedro Martínez, y en vez de pararse para conservar la ventaja (un +7 aún a falta de 9 minutos), siguió acelerando sin sentir ningún vértigo, ni cosquilleo en el estómago por el marcador. Correr y tirar, la mayoría de las veces tras compartir de maravilla el balón. Así llegó un 3+1 de Feliz, otro cañonazo de Okeke y dos consecutivos de Abalde para disparar a los suyos por encima de los cien puntos. La quinta vez con tres dígitos en once partidos. Cada vez más reconocible.
Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí